Desde pequeño siempre he sido el “fotógrafo” de la familia, lo que hacía difícil tomarme una foto y en las pocas que aparezco se notaba que no me gustaba nada. Siempre he preferido más estar detrás de una cámara de fotos que delante de ella.

Como muchas cosas que dejamos de hacer cuando ya no somos niños, y que quizás no deberíamos, yo dejé la cámara a un lado. Hasta hoy. Ahora disfruto todavía más, viendo el mundo con otros ojos. Lo que en otros tiempos eran fotos familiares hoy son, sobre todo, una forma de expresión, de evocación y, por supuesto, una imagen para el recuerdo.
Exponer esta pequeña parte de mi es difícil, muy difícil, pero estoy seguro que gracias a ello conseguiré aprender todos los días un poco más.